La maldad acostumbra a crecer entre los hombres más allá de todo límite y si se ve guiada por la licencia que da la impunidad de hacer daño a los que caen en su poder, puede llegar a extremos que superan la imaginación. (Procopio de Cesárea, Historia secreta. siglo VI)
Hace tiempo que estamos como comunidad soportando decires y haceres que traen consigo crueldad y odio denigrantes hacia los otros, nosotros, los comunes, los nadies, los morochos, los feos, sucios y malos
Con ferocidad implacable los discursos del poder enuncian los dispositivos que llevarán a cabo para suprimir a los indeseables: viejos, enfermos, discapacitados, pobres, etc. , los únicos que sirven es la gente de bien, que disfrutan de las mieles del saqueo, cómplices desenfadados de la carrera contra el tiempo para arrasar con todo.
Hay quienes (cada vez menos) sostienen que esos discursos son de una enorme autenticidad y hay que valorar esa actitud…los demás pensamos que son la expresión de odio, de fiereza y de goce, si de goce, es lo más irritante, con esa sonrisa que es mueca…
Si se repasa la cita inicial, se entiende que esa maldad está incita en las legiones del poder desde siempre, pero esto no es consuelo, es inquietud, al entender que no aprendimos mucho, aunque en algo hemos avanzado ya que la actualidad somos cada vez más los que rompemos ese silencio encubridor…
La indiferencia ante el dolor de los otros, el no rebelarse ante la impunidad que oculta el daño que ocasionan los grupos de poder hacia los ajenos, consentir las formas y acciones que ocasionan más sufrimiento en los más vulnerables (por ejemplo negar tratamientos gratuitos a quienes padecen cáncer u otras patologías complejas) que parte de la población consiente, son formas que toma la maldad en nuestro tiempo
Los discursos de odio por su intensidad, por la inmensa perorata que desde los medios nos taladran a diario y que son acreditados por quien ocupa el poder ejecutivo que no ceja de insultar a quienes considera sus enemigos, han calado hondo en la ciudadanía que despliega de inconformismo sobre el lado equivocado, es decir, en aquellos que son sus iguales y que sólo se cruzan en su existencia
La maldad no se combate con más indiferencia, con más odio, con más insultos, el combate es largo, sostenido y profundo que lleva el ropaje de la comprensión y la compasión hacia quienes muestran su individualismo y apelan a viejas y equivocadas recetas como la meritocracia para justificar las injusticias.
El rechazo a la maldad inserta en muchos corazones no se consigue con el silencio, el silencio frente al daño, al insulto, a la injusticia es complicidad con nuestro enemigo.
Es necesario que ocupemos esos silencios injustos con palabras que llaman, que reclaman, que instalan, los modos y aportes señalando caminos de salida hacia una de nuestras banderas que es la justicia social, nuestros silencios nos harán culpables, encontremos la fuerza en la compañía, en la convicción que juntos y con la voz clara y firme desandaremos el odio
Cristina Campagna 21/09/ 2024