Frente al disciplinamiento que ofrece la crueldad y el odio encauzados en el discurso oficial, tenemos que oponer un lenguaje amigable, de respeto y porque no, amoroso
Ayer en una reunión de estudio, un compañero de esos que saben de lo que hablan, (que están escaseando en nuestro movimiento) aseguraba que ese discurso plagado de insultos y palabras que degradan a quienes están dirigidos, producen miedo.
¿Cómo romper con esa dupla odio/crueldad que contagia y paraliza a los débiles y distraídos?
Con el corazón dirá Francisco: “Con todo cuidado vigila tu corazón, porque de él brotan las fuentes de vida. Aparta de ti las palabras perversas y aleja de tus labios la maldad” (Proverbios 4, 23-24)
¿Cómo se traduce para la acción política?
Recuperando la iniciativa, dejar los lamentos y pensar propuestas JUNTOS.
Volvernos niños…es decir, sentir que necesitamos de los otros, que no somos ni autosustentables ni autosuficientes, por ello escuchar, escuchar, escuchar y más tarde proponer (si tenemos algo) de lo contrario la soberbia que es tan dañina como la crueldad, nos quitará fuerzas.
No dejarnos engañar por una fortaleza sin corazón, ya que tarde o temprano se derrumba, es el amor, la ternura dirá Francisco, el arma más poderosa. Sin ese corazón que late junto y por el otro/a, sin ese encuentro con el otro que nos permite encontrar nuestro sentido se puede construir alternativa
El individualismo, la crueldad, el odio, la indiferencia tienen remedio: en el respeto, el cuidado tanto de cada una como de todo lo que nos rodea y la ternura.
Aunque estos remedios son difíciles de conseguir y de trasmitir, de ahí que la cura, nuestra cura, depende de la sanación de los demás.
Empecemos por militar la esperanza y juntos hilvanaremos las respuestas
Cristina Campagna 18/11/2024