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El Mal no tiene la última palabra

Nosotros los cristianos sabemos que el Mal no tiene la última palabra, sino que tiene los días contados Francisco Papa

En la oscuridad de estos tiempos en lo local y en la internacional, el Mal se nos presenta en las violencias del hambre, de la guerra, de los negocios espurios, de la destrucción de la naturaleza, con los incendios y el execrable uso de los recursos naturales.

La actitud que mejor le viene al despliegue del mal, es el agobio, la indiferencia, el bajar los brazos, el aislarnos, el des-esperarnos.

Lo que inquieta al Mal y va horadando su fuerza y contagio es la ESPERANZA. No la esperanza vana de quien espera sin hacer.

Lo que inquieta al Mal es la acción coordinada de nosotros sus contrarios que hallamos la fuerza juntos con objetivos comunes, sin que nos pueda la pesadumbre.

Lo que inquieta al Mal es que nosotros sus contrarios, los hombres y mujeres comunes, conversemos de frente, sin tapujos y amorosamente ante quien dice odiar, sin saber por qué y para qué.

Lo que inquieta al Mal es que nosotros sus contrarios denunciemos los atropellos, las masacres, los asesinatos, los abusos, No Callar, es la consigna. No Mirar para otro lado es el deber.  

Lo que inquieta al Mal es que nosotros sus contrarios abramos caminos alternativos, disyuntivos, antagónicos al discurso del poder que nos ametralla y ametralla a la humanidad en su conjunto, con la cantinela de la acumulación y el acopio como formas exitosas de la existencia       

Lo que inquieta al Mal es que cada día somos más que juntamos fuerzas con nuestros próximos para   correr los velos de la mentira, para animarnos al disenso constructivo, sin odio, pero fuerte con gritos para ser escuchados

Lo que inquieta al Mal es que nosotros sus contrarios a pesar de nuestras flaquezas y contradicciones, nos ponemos de pie siempre juntos como hermanos, dejando en suspenso nuestras diferencias, con otros y otras que sabemos que la unidad es en la diferencia.

Lo que inquieta al Mal es que nosotros sus contrarios tenemos claro que la meritocracia es un arma letal para nuestras comunidades porque nos vuelve vanos, superficiales, frívolos, y nos gana el desamor.

Lo que inquieta al Mal  es que nosotros sus contrarios abracemos la Esperanza, en la seguridad que el Mal tiene los días contados

Cristina Campagna 29/09/2024