Hijo de refugiados palestinos, africanos, sirios,
Hijo de aquellos que huyen del hambre de cualquier geografía
Hijo de aquellos que emigran de las guerras intestinas
Hijo de aquellos que abandonan sus hogares en pos de una paz que no consiguen
Hijo de los que duermen en la calle o en carpas atestadas
Hijo de los que son despreciados, ninguneados
Hijo de los que se esconden en sótanos inmundos como refugio ante los bombardeos incesantes
Hijo de los pobres más pobres
Por eso el Jesús que nació en un pesebre entre animalitos nos interpela hoy
En los niños que los niños que lloran por hambre
En los niños mutilados por las guerras intestinas
En los niños sin juguetes
En los niños en riesgo de morir ahogados en barcazas que cruzan el Mediterráneo
En los niños que no beben agua segura, beben agua de charcos infestados de larvas
En los niños que no miramos para no sentir culpa de la humana
En los niños que no nos gustan por su aspecto desgreñado
En los niños que dejaron de ser los privilegiados de Evita
En los niños que no saben (como sus padres tampoco) que sus derechos les son negados
Qué nos clama hoy el Niño de Belén, ese Dios hecho Hombre?
Que nos atraquemos de comida y bebida?
Que nos corramos a comprar regalos inútiles?
Que el consumo nos cubra?
Jesús nos llama de manera simple pero brutal por lo sencilla
Que trabajemos por la Justicia, esa Justicia que exige la dignidad para todos
Que reemplacemos la indiferencia por la preocupación por los demás conocidos o desconocidos
Que provoquemos en los demás la misericordia
Que todos sepan que el mundo sólo será humano en la medida que se destierre la guerra, el hambre, la indignidad
Entonces, hago mías las palabras de Francisco Papa:
En el niño de Belén, Dios sale a nuestro encuentro para hacernos protagonistas de la vida que nos rodea. Se ofrece para que lo tomemos en brazos, para que lo alcemos y abracemos. Para que en él no tengamos miedo de tomar en brazos, alzar y abrazar al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al preso
Cristina Campagna